Harinera: un lugar en el que Cultura se escribe con H

MARIO ORNAT / RUBÉN ASENSIO //


  • La vieja fábrica de la avenida de San José estrenará el próximo 19 de marzo su esperado proyecto de reutilización de este espacio público, ordenado alrededor de la creatividad y la participación

  • La gestión comunitaria y el activismo de un amplio colectivo de creadores le van a dar al edificio un nuevo uso, orientado a la participación del público en la creación de acciones, iniciativas e inquietudes culturales


El día en que se inauguró el jardín en escalones circulares que lleva el nombre de Sergio Algora, Diego Garulo, técnico de cultura del Ayuntamiento, subrayó que la espiral oscura que enmarcaba la entrada al viejo edificio de la Harinera recordaba a un disco de vinilo. Nada más apropiado para homenajear al creador de El Niño Gusano o La Costa Brava. Hoy, en el vinilo que recuerda a Algora ha brotado la hierba y el espacio verde está completo. De ese espíritu parece brotar el aliento luminoso del espacio en el que un amplio colectivo de artistas y activistas multidisciplinares han convertido la vieja Harinera de Zaragoza.

Un proyecto que abrirá sus puertas al público el 19 de marzo y que recupera este espacio público para usos culturales y creativos. Nacido en San José, bajo el impulso inagotable de la Asociación de Vecinos, pero con vocación transversal en lo creativo y en lo geográfico: proyecto de reutilización de espacio público, anhelo de cualquier barrio de la ciudad. Y que llama a la ciudad entera: la hache será muda, pero ya no invisible.

Colectivo abierto

Pero, ¿qué es Harinera? ¿Qué define esa H inacabada, como en proceso elaborativo, que compone su imagen de marca? “Es un lugar de creación y colaboración, dedicado a la participación activa, el empoderamiento y la transformación del espacio urbano a través de la creatividad”, formulan quienes trabajan en el proyecto. Harinera no será un espacio cultural al uso. La idea que lo sostiene partió de Paisaje Transversal, empresa dedicada al diseño, asesoría y coordinación de nuevos modelos de gestión e intervención urbana. Entre 50 y 60 personas componen ahora el colectivo Llámalo H, que lleva la gestión compartida con los técnicos de Zaragoza Cultural y la Asociación de Vecinos. “Este es un colectivo abierto a todo el que quiera venir: la única condición es participar”, explica Mariano, encargado de contar el proyecto Harinera a público y medios de comunicación. “Sólo hay una condición: la participación activa”.

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El edificio de la Harinera.

Esa participación se refiere a las reuniones periódicas de la Asamblea, que debate temas, asuntos y propuestas. Y a las Comisiones estables (Programación, Imagen y Comunicación), de las que parten grupos de trabajo específicos para dar forma a los proyectos y actividades concretas que se van poniendo en marcha: comienzan y acaban con ellos.

De esa red de trabajo en equipo salen los programas que Harinera propone a un público que no será espectador pasivo, sino hacedor activo. La oferta se ordena alrededor de cuatro ejes de participación del público: Ver, Hacer, Conversar, Conocer y Participar. Y de ahí surgen propuestas diversas, para todas las edades: talleres de reciclaje creativo hermanados con técnicas de producción audiviosual, ilustración y cómic, máscaras, charlas, mestizajes creativos, creación teatral alternativa… Propuestas que aproximan una idea de cómo opera el espíritu H... Si eso es posible en un lugar en el que la imaginación vuela en todas las direcciones.

Actividades eclécticas

Así se advierte en la conversación con tres de las personas que forman parte del Colectivo. Eva y Paula, de Recreando Estudio Creativo, van a trabajar con niños. Les propondrán crear maceteros reciclados, en una de sus actividades; en la otra, un taller de creación audiovisual en stop motion, con materiales reutilizados. Su inagotable campo de creación. “Partimos del reciclaje para introducir a los niños en el mundo audiovisual: ellos crearán su propio corto, contando una historia, y al final del taller habrá una muestra en el espacio escenográfico”, explica Eva.

Helena integrará el lenguaje poético y la música flamenca, de la mano de Lorca y Emilio Tejuela, en una actividad que irradia evocador eclecticismo desde su mismo nombre: la Flamencoesía. “Queríamos apelar e integrar a las personas mayores del barrio. Les enseñaremos, a partir de Lorca y el flamenco, las posibilidades que ofrecen la poesía y la música como herramienta de expresión”.

HARINERA de San José

Eva, Helena y Paula.

Esta mañana, las tres desayunan en una gran mesa colectiva, en medio de este espacio diáfano a la creatividad y enmarcado en la sombra industrial de la vieja maquinaria de hierro de la fábrica. Eva y Paula han creado mobiliario para acondicionar las zonas de trabajo y acogida del gran ambiente central de la planta baja. Y una llamativa zona de descanso, conformada por un grupo de puffs, creados a partir de la reutilización de neumáticos y otros materiales. Puro confort sostenible. Pero también habitabilidad funcional: en su amplio banco de trabajo, las puertas se convierten en asientos y brotan plantas en maceteros inimaginados: “Le damos rienda suelta a la creatividad. La idea –defiende Paula- es que todo tiene dos o más vidas. Que el reciclaje no termina en tirar una botella de vidrio a un contenedor, y que podemos reintegrar esos elementos en nuestra vida diaria”. El cartel de apertura también es suyo.

Esta torrencial imaginación es el talento que bulle en la nueva Harinera. “Este lugar nos enganchó desde que lo conocimos. Las pruebas que hemos hecho estos meses nos han reforzado, así que tenemos ganas de empezar y, sí… también de cometer errores”, anuncia Paula. Su charla transmite la febril ilusión que anticipa el estreno. “El proceso ha sido una aventura: da un poco de vértigo enfrentarse a la expectación que el espacio y el proyecto han generado, pero tenemos muchísimas ganas”, admite Eva.

cartel apertura de harinera

Cartel de apertura del Proyecto Harinera

Helena Millán tampoco dudó en integrarse en el colectivo: “Veía este edificio y me daba pena. Me ha encantado trabajar en un proyecto que integra tantas ideas distintas para darle vida”. La gestión colaborativa constituía el gran desafío, pero también el aliciente principal para todos: “Mi familia siempre ha tenido una empresa familiar y yo sé lo que es gestionar algo así, pero el trabajo que ha hecho alguna gente aquí ha sido espectacular. Empezando por la Asociación de Vecinos: la gente creativa tendemos a dejar volar nuestra imaginación, pero ellos nos han mantenido pegados a la tierra y a la gente”.

En la Harinera, como decía la canción de El Niño Gusano, toda esta gente ha venido a poner su mente al sol… y con ella iluminar creaciones culturales. “Que la gente vea, haga, encuentre la sensibilidad y la creatividad que todos llevamos dentro”, define Helena. Si el pop de Algora era luminoso y, como todo pop, algo hedonista, en Llámalo H esa energía inspiradora se licua en una implicación emocionada: “Hay mucho de activismo en este proyecto. Ves cómo se trabaja aquí, tanta gente distinta, y uno uno quiere formar parte de eso”, subraya Pau.

En efecto, la transmisión de la idea es tan precisa que de inmediato uno se pregunta si no podría aportar algo. Una agradable tentación que debe observar el lema del proyecto, que Eva recita con una sonrisa cómplice: “Aquí hay que venir a mancharse las manos”. De harina, claro.

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